La lluvia del Viernes
de Dolores auguraba una tediosa reposición de la del año
pasado. El sábado parecía confirmarlo con una partitura de plomo.
Hoy, Domingo de Ramos, el cielo y las calles de Puerto Real
amanecieron cubiertos de cirros y de sol. En días como éste, cuando
era niño, después de llevar la ramita de olivo a mi abuela
Encarnación, iba a Sevilla con mi Tita Rocío a ver la cofradía de
la Borriquita como Dios y el refranero mandan: estrenando. Poco me
importaban el olor del incienso o la cera, o el interminable desfile
blanco de nazarenos, o la incomodidad de madera de las sillas de
Sierpes. Yo iba porque mi tita me compraba el primer helado del año
el domingorramos. Entonces sí merecía la pena cada chicotá. Hoy
también, pero con mi mujer y esperando una niña, no iba a ser
menos. La heladería ha abierto y he decidido no hacer mudanza en mi
costumbre: Una mediana de chocolate y huevo kinder. N ahora es de
vainilla.
Domingorramos:
a ver la Borriquita