Si tuviera que explicar cómo me siento después de que I llegase al mundo, no pasaría del simple balbuceo. A lo sumo, como buen aliscareño, del mecagoén con sus ostias y copones y lo bonitamente infinita o lo infinatemente bonita que me parece.
Como no me veo capaz de decir algo con coherencia, voy a tomar prestados unos versos de Lêdo Ivo, traducidos por Martín López-Vega.
Nazco ahora
–nazco de mí mismo–
al mundo luminoso
de una aurora perpetua.
Y traigo la claridad
que me permite ver
la materia del mundo.
Y se vuelve todo epifanía.
El fragmento pertenece al libro póstumo Aurora, que ha sacado la editorial Pre-textos en marzo de 2013. Aquí puede leerse la reseña realizada para El Cultural de Antonio Colinas.
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